domingo, 24 de febrero de 2013

MICHAEL HANEKE, amour HOLLYWOOD


Tenía una buena coartada Michael Haneke para ausentarse esta noche del estreno de 'Così fan tutte' en el Teatro Real. Se encuentra en Los Ángeles, esperando el desenlace de los Oscar -"Amour compite en cinco categorías"-, pero dispuso que se distribuyera una octavilla entre los espectadores bien fuera para excusare o bien fuera para inducir un ritual propiciatorio, supersticioso: "Les deseo una velada excitante. Si les gusta, crucen los dedos por mi en los Oscar. Si no les gusta, les ruego que lo hagan igual". Metafóricamente hablando, los melómanos que abarrotaban el Real se marcharon del teatro con los dedos cruzados. Había "gustado" mucho el 'Così fan tutte' de Haneke. Había impresionado la exquisitez estética. Y habían intrigado los cabos sueltos con que el director de escena austriaco exige la colaboración del público, rebuscando en una versión compartida, concelebrada, de la ópera de Mozart. Hace pensar Haneke, igual que sucede en sus películas, aunque las mentes perezosas o pasivas bien podrían solazarse con la plasticidad del espectáculo, con el aspecto hollywoodense de los cantantes y con los comentarios orgullosos que sobrentendían la presencia de Haneke en L.A.  El Real era la antesala de los Oscar, por usar un tópico de género, aunque el concurso de William Shimell en el papel de Don Alfonso establecía un nexo trasatlántico. También él forma parte del reparto de "Amour", pero no se podía permitir ausentarse.
CORTESIA ELMUNDO.ES

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