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domingo, 2 de febrero de 2014

SE NOS FUE...!!! FUTBOL Y MUERTE

FÚTBOL Fallece el carismático entrenador de fútbol El mundo del fútbol llora a Luis Aragonés: 'Nunca podré olvidar tus lecciones'
"Luis Aragonés ha sido un ejemplo, desde que empezó hasta hoy". Es difícil resumir mejor el sentimiento del mundo del fútbol hacia la figura de Luis Aragonés. Acumula elogios Luis el día de su muerte, a los 75 años en Madrid. Dirigentes, entrenadores y futbolistas comparten un sentimiento, una idea sobre quien devolviese a España a lo más alto de Europa en la Eurocopa de 2008: "Nunca podré olvidar tus enseñanzas".
"La noticia me ha producido un gran dolor y consternación. Luis Aragonés ha sido un ejemplo en el fútbol español, desde que empezó hasta hoy", manifestaba Ángel María Villar, presidente de la Federación Española de Fútbol (RFEF), desarrollando la idea que hoy tiene todo el fútbol, pues Luis, según Miguel Cardenal, presidente del Consejo Superior de Deportes (CSD), "deja un magisterio que seguro siempre será seguido por actuales y generaciones futuras de entrenadores".
Fue Aragonés quien llevó a España de nuevo a la cima, pero antes que nada, Zapatones fue rojiblanco, fue jugador y entrenador del Atlético de Madrid, donde su sello es aún más fuerte. "Fue un gran jugador y entrenador, pero antes de todo eso fue una gran persona y un gran amigo. Era un atlético por encima de todo", decía Enrique Cerezo, presidente rojiblanco, mientras que Miguel Ángel Gil Marín, consejero delegado del club, le ha recordado como "un mito" y Gabi, capitán del equipo de Diego Simeone, ha hablado de él como "un ejemplo para todos los atléticos, una leyenda de este club".
Que Dios lo temga en Su Gloria.

cortesia elmundo.es

martes, 22 de octubre de 2013

PIROPEAR ANTIGUA USANZA?

Dudas, enormes dudas asaltan a los hombres cuando una mujer asegura que los piropos la violentan, que son una agresión a su privacidad, que la hacen sentir perseguida, que ya no saben de qué manera vestirse para salir a la calle.
Las más dispuestas al halago callejero admiten, en todo caso, que no es lo mismo escuchar una vos que les susurra algo así como “quisiera ser un jardín para que esa flor…”, que padecer un grito que les promete que le van a hacer de todo, tanto del derecho como del revés.
Para terminar con esa débil línea que separa lo presuntamente galante de lo abiertamente grosero no hay mejor remedio que terminar de una buena vez por todas con ese género bastardo y berreta que se ha dado en llamar piropo.
Cualquiera de ellos envilece al hombre que lo practica en un lugar público  –porque si hay algo que caracteriza al piropo es la ausencia de privacidad- y lo convierte en un escupidor de frases para el olvido. No hay ningún hombre, por más Jardín Florido que se crea, que se salve de la vergüenza de haber lanzado coplas azucaradas a la primera mina mas o menos buena que viene de frente o que se va, inevitablemente, de espaldas.
Ni los versos de Neruda, ni los de Vallejo, ni los de ningún poeta sobreviven a esa intromisión no pedida por aquella que lo recibe en los oídos. Lo peor del piropo es que resulta del todo inútil, no se conoce el caso de ninguna mujer que se haya ido con un hombre que le grite “estás más fuerte que timbre de convento”.
Los elogios, que nada tienen que ver con la picaresca piropeadora, nacen en los lugares más íntimos de la pareja. Allí sí, una vez pactado el encuentro deseado, uno tiene el derecho de soltar toda su artillería de frases seductoras y tiene el deber de salir corriendo si la mina se le empalaga.
Más allá de que existan mujeres que, sin admitirlo, lo desean a escondidas, es responsabilidad del hombre la de terminar con esta guarangada galante que ya ha pervivido demasiado tiempo. Lo digo yo que, gracias a una insalvable timidez, me blindé desde siempre contra esos requiebros de la voz, pero deberían sumarse aquellos sarpados y esos caballeros que pasan vergüenza mientras hacen daño a quien no se lo espera o le inflan el ego a quien no se lo merece.
Eso sí: si un día voy por la calle y alguna mujer me susurra al pasar esos versos de Pablo Krantz, en los que la ironía promete disolverse hasta convertirse en algo serio, y me propone  “quiero aburrirme en tus fiestas familiares”, yo borraré con el codo lo que escribí con la mano y, con una leve inclinación, le diré: “Puede pasar, señorita, está usted invitada”.

cortesia elobservador.com