El salón de juegos de Caine (Caine´s arcade), un video de 11 minutos sobre Caine Monroy y su primer cliente, un cineasta en apuros llamado Nirvan Mullick, se convirtió en una sensación de Internet. Todo empezó con Caine, un niño de 9 años aburrido en la tienda de repuestos de autos de su padre, en Los Angeles,. Caine empezó a hacer juegos con las cajas de cartón que había por todos lados. El primer juego fue de básquetbol: pelota, aro, tablero y premios para el ganador. Después hubo uno de fútbol y también una grúa, de esas que el jugador maneja e intenta agarrar él mismo su premio. Pronto los juegos de Caine ocuparon casi todo el espacio de la tienda, la cual, según cuenta en el video su padre, no era demasiado concurrida. Esa era la razón por la cual Caine no tenía clientes, a pesar de que sus precios eran muy razonables: por un dólar se tenía derecho a cuatro juegos y por dos dólares se podía comprar un “fun pass”, válido para toda una jornada. Hasta que apareció el primer cliente, Nirvan Mullick, un aspirante a artista cinematográfico al cual todavía no se le había presentado la oportunidad de triunfar. Conoció el salón de juegos de Caine, preguntó los precios y adquirió un fun pass.
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Mullick volvió otro día a jugar y otro día más, esta vez a hablar con el padre de Caine, para preguntarle si podia filmar un corto sobre la empresa de su hijo. El padre le dijo que no tenía problemas, pero que, en realidad, lo que necesitaba su hijo eran clientes. Mullick creó un post en Facebook y convocó al salón de Caine. Luego, el 9 de abril pasado, puso el video, alcanzando los dos millones de espectadores en menos de dos semanas. Mullick también tuvo la idea de agregar que la gente pudiera hacer donaciones para financiar los estudios de Caine: “Imagínense lo que podría hacer este niño con un título de ingeniero”. Se fijó una meta de US$ 25 mil, pero las donaciones pronto cuadriplicaron esa marca. Caine también recibiría invitaciones del Instituto Tecnológico de Massachussets y de la Universidad de California, Los Angeles.
El dinero siguió llegando y se formó la “Caine´s arcade foundation” para estimular la creatividad y el espíritu de empresa en los niños. En realidad, a partir del video, su negocio empezó a funcionar. No sólo empezó a haber colas de varias cuadras para jugar sino que con gusto encontró voluntarios para atender a la gente y hacer funcionar a las máquinas de cartón, siempre necesitadas de ayuda. Las razones del éxito de Caine Monroy se deben en buena parte a la actitud del protagonista, que nunca se desalentó a pesar de la soledad absoluta de esas jornadas interminables, previas a la fundación del imperio de los juegos al este de Los Angeles.
cortesia elobservador.uy
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