La lluvia volvió a jugar su partido el viernes en Recife, pero de todas maneras, la selección de Uruguay pudo hacer su primera práctica en cancha de Sport Recife, distante a unos 30 kilómetros del hotel celeste.
No obstante, también hubo que luchar con el tránsito, ya que para hacer ese recorrido, tardaron una hora y media.
Pese a que el Maestro Tabárez ordenó práctica a puertas cerradas tras 15 minutos que se les permitió ver a los periodistas, se pudo saber que le dio ingreso –como se esperaba– entre los titulares a Luis Suárez en ofensiva, saliendo del equipo, al menos por ahora, Diego Forlán.
El conjunto titular que enfrentará el domingo a España en el debut de la Copa de las Confederaciones, no fue confirmado por el entrenador celeste.
Una de las dudas principales radica en la mitad de la cancha, ya que Tabárez quedó muy conforme con el desempeño de Walter Gargano ante Venezuela por las Eliminatorias luego de un par de meses de inactividad por una lesión, cosa que no sintió ya que se movió muy bien en la cancha. No obstante, es casi un hecho que ingrese Egidio Arévalo Ríos en el mediocampo.
Más allá de ello, ambos volantes pueden jugar juntos en el medio con Diego Pérez quien es inamovible.
Lo que sí está confirmado es que en el arco estará Fernando Muslera, en tanto que la línea de fondo será la misma que el pasado martes enfrentó en Puerto Ordaz a Venezuela con Maximiliano Pereira, Diego Lugano, Diego Godín y Martín Cáceres.
Luego del entrenamiento del viernes, Diego Lugano dijo en conferencia de prensa que “el campo estaba pesado y duro por las lluvias y por el tránsito llegamos en una hora y media. Son cosas que no estaban previstas y cansan mucho”.
A su vez, el capitán celeste explicó que “es una crítica constructiva. Si se invierten tantos millones de dólares en infraestructura, no tiene sentido que no tengamos una cancha para entrenar”.
La selección nacional reconocerá el sábado el Estadio Arena Pernambuco en el que el domingo enfrentará al campeón del mundo, España.
cortesia elobservador
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sábado, 15 de junio de 2013
viernes, 14 de junio de 2013
CUANDO BRASIL ES ESPANA FUTBOL
Las lluvias del trópico en Recife provocaron los primeros problemas logísticos de la Copa Confederaciones. A Óscar Washington Tabárez, entrenador de Uruguay, se lo llevaron los demonios, porque el campo donde debía ejercitarse el jueves estaba anegado, y sus jugadores sólo encontraron un gimnasio. A la selección española le tocó hacer kilómetros, hasta Guariba, pero al menos los hombres de Vicente del Bosque pudieron disfrutar de la sesión planificada.
Recife esta lejos de todo, en Pernambuco, nada menos. Sobre todo, de los lujos del Copacabana Palace donde Joseph Blatter y los dirigentes de la FIFA ofrecían su 'briefing' a los medios de comunicación desplazados a Río Janeiro, ciudad donde se levanta el remozado Maracaná, escenario de una final a la que están destinadas España y Neymar, la campeona y el futbolista llamado a serlo en 2014, con permiso de la selección de Del Bosque, de Messi, de Alemania y de todos los demás. Neymar dijo el jueves que Dios le había agraciado con dos dones: el talento y la paciencia. Con las colosales expectativas que hay depositadas sobre el futbolista, va a necesitar de ambas, no lo duden.
Los aficionados brasileños, los 'torcedores', recelan de Neymar y hablan de los españoles como si fueran brasileños, como lo hacíamos nosotros de Pelé, Sócrates y hasta Rivaldo o Ronaldo. Observan a Xavi, Iniesta o Casillas en el mismo lugar de su gran panteón futbolístico. ¿Quién lo diría? Se arremolinan en torno a un hotel rodeado de policía e, incluso, tomaron alguna rueda de prensa con más camisetas del Barcelona que de España, es lo cierto. El hotel de la selección se asoma a la playa de Boa Viagem en una abigarrada y decadente concentración de rascacielos sobre el mar, similar a las construcciones de los años 70 en algunas poblaciones costeras españolas.
Para la selección, la aclimatación es la prioridad, puesto que es en el primer duelo, el domingo contra Uruguay, donde va a encontrar las mayores dificultades en el grupo. Enfrente, dos de los delanteros por los que más a decir el mercado esta temporada, Luis Suárez y Cavani. Si juega Casillas, será una durísima prueba para el portero, que en el amistoso contra Irlanda empezó a encontrar lo que necesitaba: una parada.
Para Brasil, lo fácil estará al principio: Japón. Después, Italia y México, rivales de nivel para una selección que está lejos de las mejores de su historia, pero enfrentada a un compromiso tremendo, como es el Mundial del año próximo. La Copa Confederaciones es sólo un test, pero en el que los brasileños tienen mucho más a perder que a ganar. La única vez que organizaron un Mundial, en 1950, acabó en el 'Maracanazo'. Vencieron en la Copa Confederaciones, en Sudáfrica, pero la historia dice que quien lo hace, no gana el Mundial siguiente. Contra todo eso, lucha Brasil y lucha la Brasil del presente, vestida de rojo.
cortesia e;lmundo.es.com
Recife esta lejos de todo, en Pernambuco, nada menos. Sobre todo, de los lujos del Copacabana Palace donde Joseph Blatter y los dirigentes de la FIFA ofrecían su 'briefing' a los medios de comunicación desplazados a Río Janeiro, ciudad donde se levanta el remozado Maracaná, escenario de una final a la que están destinadas España y Neymar, la campeona y el futbolista llamado a serlo en 2014, con permiso de la selección de Del Bosque, de Messi, de Alemania y de todos los demás. Neymar dijo el jueves que Dios le había agraciado con dos dones: el talento y la paciencia. Con las colosales expectativas que hay depositadas sobre el futbolista, va a necesitar de ambas, no lo duden.
Los aficionados brasileños, los 'torcedores', recelan de Neymar y hablan de los españoles como si fueran brasileños, como lo hacíamos nosotros de Pelé, Sócrates y hasta Rivaldo o Ronaldo. Observan a Xavi, Iniesta o Casillas en el mismo lugar de su gran panteón futbolístico. ¿Quién lo diría? Se arremolinan en torno a un hotel rodeado de policía e, incluso, tomaron alguna rueda de prensa con más camisetas del Barcelona que de España, es lo cierto. El hotel de la selección se asoma a la playa de Boa Viagem en una abigarrada y decadente concentración de rascacielos sobre el mar, similar a las construcciones de los años 70 en algunas poblaciones costeras españolas.
Para la selección, la aclimatación es la prioridad, puesto que es en el primer duelo, el domingo contra Uruguay, donde va a encontrar las mayores dificultades en el grupo. Enfrente, dos de los delanteros por los que más a decir el mercado esta temporada, Luis Suárez y Cavani. Si juega Casillas, será una durísima prueba para el portero, que en el amistoso contra Irlanda empezó a encontrar lo que necesitaba: una parada.
Para Brasil, lo fácil estará al principio: Japón. Después, Italia y México, rivales de nivel para una selección que está lejos de las mejores de su historia, pero enfrentada a un compromiso tremendo, como es el Mundial del año próximo. La Copa Confederaciones es sólo un test, pero en el que los brasileños tienen mucho más a perder que a ganar. La única vez que organizaron un Mundial, en 1950, acabó en el 'Maracanazo'. Vencieron en la Copa Confederaciones, en Sudáfrica, pero la historia dice que quien lo hace, no gana el Mundial siguiente. Contra todo eso, lucha Brasil y lucha la Brasil del presente, vestida de rojo.
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